En la vida espiritual no basta tan solo conque le queramos servir a Jesucristo, también es necesario que estemos dispuestos a consagrarnos y purificarnos. V 29 “Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el incienso puro, aromático, según el arte del perfumador.” En la cultura actual, uno puede pensar que estos elementos no tienen importancia debido a la cuestión de las creencias religiosas, sino que no demasiados creyentes saben o entienden el significado detrás de ellos.
Sin embargo,
estos elementos pueden ser un recordatorio para los cristianos de la
importancia de la consagración y la purificación en su propia vida espiritual.
Consagración y purificación son dos
ideas importantes que se entrelazan en nuestra relación con Dios. La
consagración es el proceso por el cual cedemos nuestra vida a Dios, y
permitimos que Él nos use según Su voluntad.
La idea de consagración en el
Antiguo Testamento, estaba ligada a dar lo mejor a Dios, dedicarle o apartar
para él lo primero y lo mejor. Esto se ve claro en el mandato de dedicar a Dios
el primer hijo, el primogénito tanto de hombres como de animales. Éxodo 13: 2 “Conságrame todo primogénito.
Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como
de los animales, mío es.”
Nosotros no podemos definir o
confinar nuestra relación con Dios. Él es quien sabe cuál es nuestro verdadero
propósito y nos capacita para ello. La purificación, por otra parte, es el
proceso de limpiar nuestra mente y corazón para poder acercarnos a la presencia
de Dios en oración y adoración.
Dios nos escogió con un propósito. Él nos llama a vivir vidas
santas, consagradas a él y a anunciar su amor y sus obras a todos los que
todavía viven espiritualmente en tinieblas. 1 Pedro 2: 9 “Mas vosotros sois linaje escogido,
real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis
las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;”
Éxodo 37: 29. nos invita a un
recordatorio de la importancia de la consagración y la purificación en nuestra
vida espiritual. El aceite santo de la unción y el incienso puro son opuestos,
pero se entrelazan en la misma búsqueda: acercarnos a Dios y buscar su voluntad
para nuestras vidas. Al reflexionar sobre estos elementos, podemos empezar un
camino de consagración y purificación en nuestra relación con Dios.
La consagración a Dios nos lleva a apartarnos del pecado.
Dejamos atrás todo lo que ofende a Dios y usamos todos nuestros recursos, los
ofrecemos o presentamos ante dios para que él los use conforme a su voluntad.
Romanos 6: 12 – 13 “La
consagración a Dios nos lleva a apartarnos del pecado. Dejamos atrás todo lo
que ofende a Dios y usamos todos nuestros recursos, los ofrecemos o presentamos
ante dios para que él los use conforme a su voluntad.”
Consagrarnos a Dios involucra no solo nuestro espíritu:
también nuestros cuerpos y mentes. La santidad a la que Dios nos llama es una
total, una que nos transforma completamente y nos ayuda a parecernos más a
Jesús. Romanos 12: 1-2 “Así
que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto
racional. 2No os conforméis a este siglo, sino transformaos
por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál
sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
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