Cuando Jacob se inclina ante Esaú, no solo está mostrando respeto, sino que también está sanando viejas heridas que podrían haberlo atrapado en un ciclo de resentimiento. Este acto de humildad nos recuerda que, en nuestras propias vidas, a menudo los mejores caminos hacia la reconciliación y la paz pasan por dejar de lado el orgullo y abrir nuestro corazón. Al hacerlo, no solo liberamos a los demás, sino que también nos liberamos a nosotros mismos de cargas emocionales que nos impiden avanzar.
La verdadera fortaleza radica en este sencillo,
pero poderoso gesto de reconocer la humanidad del otro, transformando así el
dolor en entendimiento y la distancia en cercanía.
El versículo de Génesis 33:3 nos presenta un momento clave en
la historia de Jacob y Esaú, hermanos que habían tenido una relación tensa y
llena de resentimientos. Después de años de separación, Jacob se encuentra con
su hermano y su reacción sorprende a propios y extraños. En vez de enojarse o
de buscar excusas, Jacob decide mostrarse humilde y respetuoso, inclinándose
siete veces ante su hermano. V 3 “Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta
que llegó a su hermano.”
Esau todavía tenía resentimiento y posiblemente su corazón todavía
estaba herido, el ir al encuentro de su hermano fuertemente armado lo
demuestra. V 1 “Alzando
Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él;
entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas.”
Pero este acto de humildad quebranto a Esaú. V 4 “Pero Esaú corrió a su encuentro y
le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron.” Jacob no busco justificar su mal
comportamiento ni mucho menos busco excusas para quedar bien después de su mal actuar.
Muchas personas cuando piden perdón hacen ver a la victima
como victimaria o como culpable.
Los conflictos por lo general involucran a toda la familia,
por esta razón los actos de humildad también se los debe manifestar en familia.
V 7 “Y vino Lea con sus
niños, y se inclinaron; y después llegó José y Raquel, y también se inclinaron.”
Der nada sirve sanar las heridas tan solo de quienes se
ofendieron directamente también es necesario restaurar y sanar las heridas de
las personas cercanas a nosotros y que también se vieron afectadas por el problema.
En muchos hogares cuando la pareja pelea y se agreden todos
sus hijos y los que conviven en la misma casa se dan cuenta y se afectan, el
problema es que después la pareja se reconcilia entre ellos, pero se olvidan
que dañaron a otras personas.
La humildad a la hora de pedir perdón nos lleva también a
actuar con hechos, nunca esta demás expresar con detalles nuestro
arrepentimiento. V 8 “Y Esaú
dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y Jacob
respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor.”
Debemos valorar el buen acto de perdonarnos, el perdón es un
regalo de parte de la persona agredida. V 10 “Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora
gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si
hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido.”
Nuestro nuevo comportamiento y nuestros actos de
agradecimiento hacen que la reconciliación sea más duradera y sobre todo
sanadora.
Cuando fallamos y lastimamos a otros
con nuestro mal comportamiento, no solo debemos pedir perdón también es
necesario mantener la humildad para buscar sanar las heridas en el corazón que
hemos causado.
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