El trabajo es fundamental en nuestras existencias, actuando como el medio principal mediante el cual obtenemos los recursos necesarios para vivir y prosperar. Su valor va más allá de la simple provisión de necesidades básicas como alimento y vivienda, extendiéndose al desarrollo de habilidades y al enriquecimiento intelectual y social. Nos invita a interactuar con otros, ampliando nuestras perspectivas y permitiéndonos planificar un futuro mejor y más estable. Dado su notable impacto, el trabajo es considerado un derecho humano esencial que todos los gobiernos deberían asegurar y proteger.
Para el apóstol Pablo una persona
que no le gusta trabajar, vive de una forma desordenada. V 6 “Pero os ordenamos, hermanos, en el
nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande
desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.”
El trabajo no es solo una forma de
ganarse la vida: Es una forma de dar sentido a la existencia, de ordenar el día
a día con propósito, y de cultivar la dignidad personal.
El trabajo nos conecta con los
demás. A través de él contribuimos al bien común, creamos, cuidamos,
servimos, resolvemos problemas… El trabajo bien hecho es una forma de amar al
prójimo y de dejar una huella en el mundo.
Nos hace sentirnos útiles y
necesarios. Saber que lo que hacemos importa —aunque no sea visible o
grandioso— alimenta la autoestima, fortalece la identidad y nutre el sentido de
pertenencia y de propósito. V 8 “ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y
fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros”
Aporta equilibrio personal. Una
rutina estructurada de trabajo favorece la organización mental, la
constancia, el esfuerzo y la superación personal. En medio del caos o la
incertidumbre, el trabajo puede ser un ancla. V 10 “Porque también cuando estábamos con vosotros, os
ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.”
Fortalece la salud mental. El
trabajo con propósito es fuente de bienestar emocional: reduce la ansiedad, da
motivación para levantarse cada mañana y nos brinda espacios de interacción
social, aprendizaje y crecimiento.
Por todo esto, revalorizar el
trabajo es también reconocer su poder transformador, no solo en términos
económicos, sino humanos, afectivos y sociales. V 11 “Porque oímos que algunos de entre
vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en
lo ajeno.”
Jesucristo y Jehová su padre, son
ejemplo de trabajo, Jehová es un Dios creador y nunca deja de hacerlo. Juan 5:
17 “Y Jesús les respondió:
Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.”
Para Jesucristo el trabajo no solo
dignifica, también santifica ya que nos hace actuar de mejor manera y es el
medio a través del cual Jesucristo nos provee de todo lo necesario.
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