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Génesis 38. Reconoce tu error y serás Justo

 

El versículo de Génesis 38:26 nos recuerda que la verdadera justicia a menudo se encuentra en la valentía de reconocer nuestros propios fallos. En la vida, es fácil apuntar con el dedo, pero el verdadero crecimiento surge cuando somos capaces de mirar en nuestro interior y aceptar que, a veces, quienes nos rodean son más justos que nosotros. Al igual que Judá, podemos encontrar momentos de revelación en nuestras relaciones, donde la humildad nos invita a reparar lo que hemos descuidado.

Este acto de sinceridad no solo sana nuestras interacciones, sino que también nos libera de las cargas que llevamos, permitiéndonos avanzar con más autenticidad y conexión

El contexto de este verso es la historia de Tamar y Judá. Tamar estaba casada con el hijo de Judá, pero este murió sin dejar descendencia. V 6 “Después Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar.

Siguiendo la costumbre de la época, Judá le dio permiso a su segundo hijo, Onán, para que se casara con Tamar y tuviera un hijo en nombre de su hermano fallecido. V 8 “Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano.”

Sin embargo, Onán se negó a cumplir con esta obligación y murió también. V 9-10 “Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano.
10Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida
.”

Finalmente, Judá prometió a Tamar que le daría a su tercer hijo, Sela, cuando alcanzara la mayoría de edad. V 11 “Y Judá dijo a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: No sea que muera él también como sus hermanos. Y se fue Tamar, y estuvo en casa de su padre.”

Pero cuando Sela creció, Judá no le dio a Tamar en matrimonio como había prometido. Entonces, Tamar decidió tomar las cosas en sus propias manos y disfrazada de prostituta, sedujo a Judá y quedó embarazada.  V 14 “Entonces se quitó ella los vestidos de su viudez, y se cubrió con un velo, y se arrebozó, y se puso a la entrada de Enaim junto al camino de Timnat; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por mujer.”

Este verso nos enseña la importancia de reconocer nuestros errores y asumir nuestras responsabilidades. A veces, cuando nos equivocamos, tendemos a buscar excusas o culpar a otros. Pero Judá enfrentó su error y reconoció que Tamar era más justa que él. Este es un acto de humildad y una muestra de madurez. V 26 Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.”

Este verso nos invita a reflexionar sobre nuestras propias acciones y actitudes. ¿Somos honestos y humildes cuando nos equivocamos o tendemos a buscar excusas? ¿Cumplimos nuestras promesas y compromisos o los ignoramos?

En nuestra vida cotidiana, podemos aplicar este verso al reconocer nuestros errores y tratar de corregirlos. También podemos ser más cuidadosos al hacer promesas y asegurarnos de cumplirlas. Al hacer esto, podemos cultivar relaciones más saludables y tener un impacto positivo en nuestro entorno.

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