El Nuevo Testamento presenta una nueva perspectiva radical. Pablo, en sus cartas, describe a los creyentes como hijos adoptivos de Dios. Esta adopción no se basa en nuestro mérito o en nuestra capacidad de cumplir con la ley, sino en la gracia de Dios a través de Jesucristo. Mediante la fe en Jesús, se nos concede el don de la adopción, pasando de ser esclavos del pecado a ser hijos amados de Dios. La adopción divina no es una mera figura retórica, sino una realidad espiritual profunda. No se trata de un proceso legal formal, sino de una transformación de nuestra identidad y nuestra relación con Dios.
Dejamos de ser huérfanos
espirituales para convertirnos en miembros de la familia de Dios, participando
de su amor, su gracia y su herencia. Esta adopción nos da una nueva identidad,
una nueva posición ante Dios, y una nueva perspectiva de la vida. Es una
incorporación a una familia eterna, llena de amor y comunión.
El destino de Manases y Efraín
estaba atado a la suerte de Egipto ya que ahí nacieron y sobre todo su madre
era una egipcia.
En este caso Efraín y Manases
deberían ser adoptados por Jacob para ser herederos dignos en lugar de José.
Génesis 48: 5 “Y ahora tus dos hijos
Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese a
ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos.”
Nosotros éramos indignos y
estábamos perdidos. Jehová nos adopta para poder llegar a ser sus herederos.
Gálatas 4: 5; Romanos 8: 15 “para que redimiese a
los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de
hijos. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra
vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual
clamamos: ¡Abba, Padre!”
Dios obra de manera incomprensible
para los seres humanos. Génesis 48: 14 “Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre
la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de
Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito”
Como debemos actuar frente a las decisiones
de Dios
1. No Enojándonos con las
decisiones que Dios toma. V 17 “Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre
la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para
cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.” el no
comprender los propósitos de Dios en nuestra vida hace que nos enojemos.
2. No corrigiendo a Dios. V 18 “Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es
el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.” muchas
veces nosotros nos creemos con el derecho de decirle a Dios como hacer los
milagros.
3. Entendiendo que Dios lo sabe
Todo. V 19 “Mas su padre no quiso,
y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será
también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su
descendencia formará multitud de naciones” las cosas malas que nos suceden
no son porque Dios no sepa lo que está pasando. Dios permite ciertas cosas en
nuestra vida con el fin de hacernos crecer y desarrollar.
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