En este capítulo 26, Jehová les da todas las especificaciones para que construyan el tabernáculo de manera organizada, el tabernáculo representa la presencia de Dios. Hoy nos congregamos en templos y la palabra dice que nuestro cuerpo es el templo de Dios. 1 corintios 6: 19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”
Si nuestro cuerpo es templo de Dios
significa que estas instrucciones de organizar el tabernáculo también las
podemos aplicar a nuestra vida.
Una vida organizada implica una disposición
sistemática y armoniosa de las cosas, como un jardín japonés en el que todo
tiene su sentido y su lugar. La organización va más allá de ordenar, ya que se centra
en los objetivos y en el modo en que nos estructuramos para lograrlos. Una vida
organizada no es una vida programada, sino un estilo de vida en el que la armonía,
la paz y el bienestar son factores comunes de todos nuestros actos.
En este mundo la única forma de
tener éxito en lo que somos y tenemos tanto en lo espiritual como en lo secular
es si aprendemos a ser organizados.
Una persona puede tener un negocio
muy rentable, pero si no lleva sus finanzas y su tiempo en orden lo más probable
es que va a fracasar, muchas empresas fracasan no por falta de dinero, fracasan
por falta de organización.
Nuestra vida y lo que emprendemos
debe basarse en una buena planificación, las cosas al azar o por casualidad no
funcionan. Lucas 14: 28-30 “Porque ¿quién de
vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los
gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 14:29 No sea que después que haya puesto el
cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de
él, 14:30 diciendo: Este
hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.”
El desorden es una mala costumbre y
como cualquier costumbre es contagiosa. El adagio popular dice: dime con quien
andas y te diré quién eres, otro adagio muy conocido dice: el anda con lobos
aullar aprende.
Por eso el apóstol pablo nos recomienda
que no debemos juntarnos con personas que son desorganizadas tanto en lo
espiritual como en lo secular. 2 tesalonicenses 3: 6 “Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro
Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y
no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.”
Apartarnos de las personas desorganizadas
o de malas costumbres no significa rechazarlas, alejarnos de ellas es no hacer lo
que ellas hacen.
De esta forma nos podemos convertir
en su referente y podemos hacer que un día cambien por nuestro buen comportamiento.
Una persona desordenada está
condenada a vivir en pobreza, el desorden hace que la gente no trabaje. 2 tesalonicenses
3: 10-11 “Porque también cuando
estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar,
tampoco coma. 3:11 Porque oímos que algunos de entre vosotros andan
desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno.”
El desorden produce estrés,
ansiedad y desespero. Pero lo más grave siempre termina arruinando tu vida.
El orden no solo debe ser en lo
material también es necesario ser ordenado en el tiempo, si sientes que el día
te queda corto que no alcanzas hacer todo lo que querías, posiblemente es causa
de un día desordenado.
El éxito es el resultado de una
vida de amor de orden y de creer ciegamente en el poder de Jesucristo.
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